Johann Sebastian Bach, un gran desconocido

Johann Sebastian Bach, un gran desconocido

Posted by Juan Manuel Podestá, With 0 Comments, Category: Comunidad, Reflexiones,

Preparándonos para el 500 aniversario de la Reforma

por Robert Fraser

Posiblemente reconocido mundialmente como él más importante de los compositores de la historia universal de la música, para muchos Johann Sebastian Bach sigue siendo aún un gran desconocido.

La realidad es que hoy son pocos quienes conocen su obra, con suerte alguno podrá nombrar tres de sus obras más difundidas: el coral “Jesús, alegría del hombre”, de la Cantata 147, el Aria para la cuerda de sol, de la Suite Orquestal no.3, y la Toccata en re menor para órgano.

Pero para muchos músicos, sean clásicos, de jazz o contemporáneos, Bach ha tenido una importancia central en sus vidas.

Por otro lado, como cristianos, frecuentemente no conocemos nuestra propia herencia cultural y espiritual. Y con Bach, no es la excepción. Qué paradójico que la música de Bach es hoy más ejecutada y conocida en el ambiente de la sala de concierto y el teatro, que en la iglesia. De hecho, Bach jamás hubiera imaginado que sus obras fueran ejecutadas fuera del culto luterano ¡y hasta en salas de concierto!

Bach fue el inventor de la digitación moderna de teclado. Antes de él, muy ocasionalmente se usaban los pulgares. Bach fue quien sistematizó el temperamento de la escala musical, para que los intervalos entre cada nota sean iguales y así poder tocar en cualquier tonalidad. Antes de él, había tonalidades imposibles de tocar.

En 1789, Mozart quedó boquiabierto cuando escuchó al coro de la iglesia de Santo Tomás en Leipzig cantando un motete de quien fuera su maestro de capilla cuarenta años antes: “Ahora, ¡aquí hay algo de lo que se puede aprender!" exclamó al estudiar las partituras manuscritas aún no publicadas. Mendelssohn, obsesionado con la música de Bach desde su adolescencia, gracias a su abuela y a su profesor Zelter, a los veinte años de edad se embarcó en la titánica tarea de reestrenar La Pasión según San Mateo de Bach a los 100 años de su composición, aun cuando el mismo profesor de música se lo desaconsejó.

En palabras de Beethoven, Bach es el “padre de la armonía” moderna; “Su nombre debería ser Meer (mar) en vez de Bach (arroyo)”. Entre las máximas de Schumann está el consejo “Toca conscientemente las fugas de los buenos maestros, por sobre todos las de Johann Sebastian Bach. Deja que El Clave Bien Temperado sea tu pan diario”. Y hasta Nietzsche escribió, “Esta semana he escuchado la Pasión según San Mateo tres veces, y cada vez tuve la misma sensación de inconmensurable admiración. Para uno que ha olvidado al Cristianismo por completo, aquí verdaderamente escucha el Evangelio.”

Su producción constituye un segmento medular del repertorio musical occidental, y uno cuyo enfoque teológico cristiano es más desafiante que nunca en nuestra era predominantemente secular.

Bach no fue considerado un gran compositor en su época. Sí un eximio organista. Sus improvisaciones eran lo más notable, “corría sobre los pedales… como si sus pies tuvieran alas, haciendo resonar al órgano con tal llenura”. Bach fue un modesto músico de iglesia, que nunca viajó fuera de una región bastante limitada de lo que hoy es Alemania. No tuvo maestros notables, fue autodidacta en gran medida. En absoluto se creía una celebridad o un prodigio, aunque su talento era reconocido por todos los que entraban en contacto con su música. “Me obligué a ser laborioso; quien sea igual de laborioso logrará lo mismo que yo”. “Lo que he alcanzado trabajando y ensayando, lo puede alcanzar cualquier otro con un don natural tolerable y habilidad”, decía.

Su objetivo de vida era la búsqueda de “una música de iglesia bien regulada a la gloria de Dios”. Él quería embellecer el culto luterano a través de la música. Bach tenía un concepto esencialmente espiritual de la música, que para él representaba el más poderoso medio para glorificar a Dios. “Como toda música, el bajo cifrado no tiene otro objeto que la gloria de Dios y recreo del espíritu; de lo contrario ya no es verdadera música sino cháchara y diabólica palabrería”.

“Donde hay música espiritual, Dios está siempre presente con su gracia”, anotó en el margen de su comentario bíblico, el único texto que se conserva hoy de su extensa biblioteca personal (la cual hubiera sido la envidia de cualquier pastor se su época). La dedicatoria del Orgelbüchlein, el Pequeño Libro de Órgano, de Bach reza, “A Dios poderoso, este libro, para honrarlo; al prójimo, para instruirlo.”

Bach es música y teología, por eso no sorprende que los libros más usados de su infancia fueron el himnario de Eisenach (de 1673) y la Biblia alemana traducida por Martín Lutero. Sus experiencias más tempranas con la música fueron inseparables de su futuro rol como músico de iglesia. Bach se formó una visión fundamentalmente religiosa de la vida. Una gran proporción de su música estaba dirigida a la congregación de la iglesia, no a una audiencia secular.

Pero hoy en día, Bach es un gusto adquirido. Para disfrutarlo hay que realizar un trabajo de “aclimatación”, tal como el andinista debe realizar este trabajo si pretende alcanzar las cumbres más altas. Luego de un entrenamiento intensivo, debe ir con anticipación a la montaña, hacer campamento base a una altura determinada, y realizar incursiones graduales a mayor altura acostumbrándose a la atmósfera enrarecida. Así también, debemos aclimatarnos a la música de Bach. Debemos sortear varias barreras que se interponen entre nosotros y él. Si estamos dispuestos a realizar esta tarea, podremos acceder a la cima, y ver el gran panorama musical que se nos abre desde allí. Las principales barreras que se nos presentan son:

1 La época musical: Bach vivió hace ya 300 años, entre 1685 y 1750. Desafortunadamente hoy se usan muchos rótulos para definir a la música de distintas épocas. Música “culta”, clásica, académica, como diferenciadas de la popular. Antes no era así. Lo que se escuchaba en la taberna o en el teatro o en la iglesia era generalmente bastante similar. Usaban los mismos instrumentos y las mismas formas musicales. Pero todas ellas eran muy distintas a la música que estamos acostumbrados a escuchar hoy.

El piano como lo conocemos hoy aún no existía (Bach visitó el taller de Silbermann y probó los primeros instrumentos en los 1730’s, pero aún no le satisfacían por la debilidad de registro agudo. Recién en 1747 aprobaba los modelos más avanzados.) Los instrumentos de teclado de los que Bach disponía eran el clave y el órgano.

Bach es la culminación de un idioma musical que hoy ya casi no se usa: el contrapunto y la polifonía. Varias voces instrumentales y/o vocales entrelazadas simultáneamente, en las cuales ninguna es más importante que la otra: cada una manteniendo su identidad. Bach además usó formas musicales a las que no estamos habituados: preludios, toccatas, fugas, cánones, diversos movimientos de danzas de la época, recitativos y arias. Aunque contemporáneos como Piazzolla ¡también han compuesto fugas!

Dice Sir John Eliot Gardiner, fundador del Coro Monteverdi y de los English Baroque Soloists, y presidente del Archivo Bach de Leipzig: “sí, su música es compleja, hasta matemática, pero impregnada de ritmos de danza transmite una vitalidad, una alegría, una ebullición que, incluso cuando escribe para la gloria de Dios, la hace muy atractiva. Salta sobre las barreras de nacionalidad, de período. Es música para nuestro tiempo”.

2 El culto luterano: Para entender a Bach, debemos interiorizarnos de Lutero, de la reforma protestante de 1517, de la preeminencia del canto congregacional iniciado por Lutero con los corales alemanes, del uso de coros y del órgano en los servicios luteranos, y de la música concertante en las iglesias luteranas en cantatas, oratorios y pasiones.

La base musical de Bach es el coral alemán, que no es más que las melodías del himnario luterano que usaba (algunas de ellas las seguimos usando nosotros hoy en día: “Castillo fuerte es nuestro Dios”, “Alma bendice al Señor”, “Cristianos alegraos” y nuestra Doxología). Lutero le devuelve el canto al pueblo cristiano. A partir de estas melodías, Bach compuso preludios, fantasías, cantatas enteras, motetes, todo tipo de arreglos instrumentales y corales.

Martin Petzoldt, profesor de Teología Sistemática de la Facultad de Teología de la Universidad de Leipzig, Alemania, observa, “se debe enfatizar que casi no hay otro músico entre los contemporáneos de Bach que haya hecho tal referencia irrestricta a los Evangelios en sus cantatas, o demostrado tal compromiso con ellos”.

Desde su llegada a Leipzig en 1723, Bach escribió 5 ciclos anuales de cantatas, una para cada domingo y día festivo del año, o sea un total de 295 (de las cuales casi un tercio se han perdido), y cada ciclo tenía una Pasión del viernes santo como su coronación. Las cantatas eran una parte inseparable del servicio luterano, funcionando como un sermón musical: exégesis bíblica, instrucción teológica y consejos morales y prácticos. Se las ejecutaba justo antes de la prédica.

Además, dentro de la liturgia luterana, y por motivos pedagógicos, Lutero mantuvo algunos elementos de la liturgia católica anterior a la Reforma: los Kyrie, Gloria, el Credo y el Magnificat, porque todos ellos tenían un claro sustento bíblico. Consecuentemente, Bach también uso estos textos para su música.

3 El idioma: Bach escribía con el alemán de la traducción de la Biblia de Lutero. Para nosotros, es fundamental contar con una traducción de los textos para acompañar la escucha, ya que allí está la clave que explica la música.

Esta es una música eminentemente descriptiva. La congregación, al escuchar la melodía, recordaba la letra del coral, o la buscaba en sus himnarios, y seguía la melodía con la letra. Así, era normal que busquen la correspondencia entre la poesía y la música sin necesidad de explicación alguna.

Bach reflejaba en sus arreglos el lamento, la alegría, el dolor, el llanto, o el vuelo de los ángeles expresados en la letra del coral. Albert Schweitzer, justamente por esta característica, lo ha llamado a Bach, el “músico poeta”. Es imposible apreciar su obra ignorando el sentido de las palabras dadas por sobreentendidas. Cada dibujo musical se corresponde con una idea literaria.

Y esto tiene que ver con la relación entre la música y el texto. Es un discurso dotado de la riqueza adicional que le da la interacción de los distintos aspectos de la música: la armonía, el contrapunto, la orquestación, los timbres y los ritmos. Todo esto hace que estemos ante una forma de comunicación humana de gran riqueza y desarrollo.

Uno pensaría que no hay nada más apartado de nuestros tiempos: música escrita en un momento determinado de un servicio religioso, dentro de la liturgia parroquial, en un pueblo provincial de Turingia, en uno de los cientos de estados que componían el Sacro Imperio Romano del siglo XVIII. No obstante hay algo en la forma en que Bach enuncia su música que nos habla en una forma muy directa. Él tiene una necesidad de comunicar sus emociones en la música, de cómo una verdad de la doctrina cristiana le llega a él, y cómo él cree que se aplica a su semejante.

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